Dibujaré con las yemas de mis dedos
poemas entre tus vértebras,
y los deslizaré lentamente por tu espalda,
para que puedas sentir en letras
las palabras que voltean entre mis dedos;
sabrás entonces
que no es amor ficticio lo que profeso,
sino lírica extrema
lo que golpea la ventana abierta
al amanecer escarlata
entre vaivenes que se quedan
y hojas de ramas que se marchan.
Respirando soledad al final del camino
Hace 3 horas
